Por aquello de la prudencia me ha dado tiempo a contar hasta diez y hasta diez mil y más. José Bono se había acostumbrado a los baños de multitudes castellano-manchegas, con todo el derecho del mundo que las urnas otorgan a quienes gozan del apoyo popular. Se mostraba campechano entre los suyos y barón en su partido; tan pronto hablaba del tractor como arreaba a los nacionalistas cuando quería repercusión en los medios. Con la victoria del PSOE en marzo pasado se promocionó para minijjjtro desde su baronía socialista; que si del Interior, que si… Al final, cuando parecía que las presiones internas del partido le iban a dejar fuera, el jefe le entregó una cartera menor, así considerada entre los asesores de ZP, para que los barones se sintieran representados. Bastaron unas horas, las que fueron desde su nombramiento hasta la toma de posesión, para darnos cuenta de que este nuevo caudillo quería dejarse notar. En Madrid se sentía a gusto, tenía el altavoz que precisaba su ego, y su discurso de apertura todavía es recordado por la chufla y el pitorreo que acarreó entre sus subordinados de uniforme, a los que quería ganarse, y entre las redacciones de los medios. Alguno pensó que se retrotraía en el tiempo. ¿Era él en estado puro?
Pasados los meses el manchego se ha convertido en el showman del Gobierno. Como si de un estado de guerra se tratase el ministro de Defensa ha querido ser el protagonista de la política nacional. Se ha metido en todos los charcos posibles, con motivo o sin venir a cuento, pero se ha metido. Le gusta estar en misa y repicando. Lo puede todo: ahora me visto de caqui y arengo a las tropas ahora me revisto los ornamentos y le llamó la atención al mismísimo Papa. La política, la milicia y la Iglesia miran a Bono.
Salió a la palestra, perdón al púlpito, para reprender a los obispos por su postura ante la intención del Gobierno de equiparar las uniones homosexuales con esa otra cosa que es el matrimonio; volvió a predicar cuando el Papa advirtió que en España se camina hacia un laicismo que no respeta ni las creencias ni la libertad religiosa. En ambos casos utilizó -a medias- la verdad evangélica para su justificación, tergiversando las palabras de Cristo cuando perdona y salva de la lapidación a la mujer adúltera. Sólo recuerda el perdón pero se olvida del «vete y no peques más». Presume de cristiano y de católico, de un catolicismo a la medida que algunos quieren imponer bajo la idea de la modernización de la Iglesia: esto no me molesta, lo acepto; esto otro me incomoda, lo cambio. Si su compañero Pepe Blanco generaliza y nos llama casposos a los católicos, Bono nos tilda de tridentinos, como si el Concilio de Trento fuera algo detestable en la historia de la Iglesia. ¡Por Dios y la santísima Trinidad Jiménez! Sí por tridentinos nos considera a los que buscamos la firmeza en nuestra fe ha acertado por que en Trento se consolidaron los términos de la Iglesia «católica, apostólica y romana». Sí, soy tridentino y, por eso, respetuoso hasta con don José como persona que es y achaco al mal de Madrid su desvarío. También por eso, no entro en el show de su presencia entre el pueblo -con fotógrafo del ministerio- en la manifestación de hace unos días, ni de la supuesta agresión desmentida por los policías que le custodiaban. Madrid tiene estas cosas: enerva en tal medida que puede trastocar la personalidad del más campechano de los mortales. Algunos acaban siendo un bluf
El hombre de La Mancha se ha tomado muy en serio el cuarto centenario del Quijote y asume como propio aquel párrafo de don Miguel en el que don Alonso describe las cualidades que deben adornar al caballero andante: «Ha de ser jurisperito, y saber las leyes de la justicia distributiva…, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente…; ha de ser médico y principalmente herbolario, para conocer… las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas…» Sólo nos falta la faceta de herbolario de don José Bono.
Un artículo de Antonio Marín Valbuena en Diario Palentino